Rodolfo Sánchez Garrafa
Nacida
en Chincha Alta en 1953, Marita Troiano Chumbiauca se forma en el campo de las
ciencias sociales —Sociología y Ciencias Políticas— y posteriormente en el
ámbito del lenguaje audiovisual. Esta doble inscripción no constituye un dato
meramente biográfico, pues en su escritura se advierte una tensión productiva
entre la conciencia de lo social y la exploración de la subjetividad. Su
temprana aproximación a la planificación urbana y a los problemas concretos de
la realidad peruana parece haberle otorgado el don de una mirada atenta a las
estructuras de lo humano, mientras que su tránsito hacia la poesía revela una
necesidad de adentrarse en un registro donde el lenguaje deja de ser
explicativo o proposicional, para volverse experiencia.
A
ello se suma una sostenida labor en el ámbito cultural —como editora, promotora
literaria y organizadora de encuentros— y un compromiso explícito con la
defensa de los derechos de la mujer y la infancia. Esta dimensión pública no se
traduce en una poesía de consigna, pero sí en una ética de la expresión: una
voluntad de decir desde lo esencial, de depurar la palabra hasta hacerla capaz
de revelar aquello que suele permanecer oculto en la experiencia humana.
Una práctica intensamente encarnada
En
este horizonte, su poesía se configura como una práctica intensamente
encarnada. La palabra no es un instrumento externo ni un recurso ornamental,
sino una emanación orgánica, un flujo que parece brotar desde zonas profundas
del ser. La imagen crítica que describe su escritura como una ‘mácula sanguínea’
resulta particularmente elocuente. En Troiano, la poesía no se ejerce con
distancia, sino que se inscribe como una forma de exposición radical, donde el
lenguaje compromete la totalidad de la experiencia vital.
Desde
esta base, el perfil de su voz poética se define, en primer término, por una
intensidad emocional sostenida que rehúye cualquier forma de moderación. El
amor —uno de los núcleos centrales de su obra— no aparece como una experiencia
regulada, sino como una fuerza que estructura la identidad misma del sujeto. En
poemas como Sin ti, la ausencia del ser amado no se limita a la tristeza
o la nostalgia: implica una desarticulación del yo, una pérdida de nombre y de
mundo, una suerte de suspensión ontológica donde la existencia queda a merced
de una ficción sostenida por otros. El vínculo afectivo, en este sentido, no es
accesorio, sino constitutivo de la realidad.
Esta
radicalidad emocional encuentra su correlato en una sensibilidad profundamente
corporal. El cuerpo, lejos de ser un simple referente, se convierte en
superficie de inscripción y en espacio de significación. En Algunas
sugerencias con qué escribir poesía, la escritura abandona sus soportes
tradicionales para desplazarse hacia la piel, el aliento, el sudor, el temblor.
El cuerpo —propio y ajeno— deviene página, instrumento y destino del poema.
Esta concepción implica una poética de la inmediatez: escribir es tocar, es
respirar, es inscribir en lo vivo.
En
esa misma línea, su obra despliega una erótica del lenguaje que trasciende lo
meramente sensorial para convertirse en una forma de conocimiento. En Solo
un beso, el poema se organiza como una proliferación de matices —térmicos,
rítmicos, táctiles— que no buscan describir el deseo, sino producirlo en el
espacio del lenguaje. La acumulación verbal, lejos de ser redundante, construye
una experiencia: el poema no representa el beso, lo recrea y lo expande.
Entrega, posesión y luz en la conciencia
Por
otra parte, Troiano manifiesta una conciencia explícita de la poesía como
fuerza autónoma. En Arte poética, la relación con la escritura se
plantea en términos de entrega y posesión: la poesía la toma, la atraviesa, la
convierte en materia de sí misma. Esta figuración sugiere que el acto creador
no es enteramente voluntario, sino que participa de una lógica cercana al
trance, donde el sujeto es a la vez origen y vehículo de una energía que lo
excede.
En
cuanto a su relación con la realidad, su poesía no se orienta hacia la
descripción directa, sino hacia una elaboración simbólica que establece
correspondencias entre lo exterior y lo interior. En Viento del sur, la
naturaleza no aparece como un mero escenario, sino como una instancia de
mediación: el viento, los ríos o la montaña actúan como fuerzas que dialogan
con la interioridad, posibilitando procesos de transformación. Es así que la
realidad se presenta como un campo de resonancias donde lo físico y lo anímico
se entrelazan.
Hojeo
las páginas de los poemarios dedicados que tengo a la mano. En Mortal in
puribus (muerte en estado puro) encuentro que Marita (pongo sólo aquellos
versos que tengo subrayados desde años atrás) nos dice: “Quiero advertir/ que
todos estos versos/ son producto de un mal/ que me provoca la bacteria/
susceptible a la penicilina”, “Mi aparente delirio por la vida/ pasó a ser una
pose/ Mi experiencia del infierno/ un guión literario” Para ella, es poeta:
“Quien se encierra en sus misterios/ y te regala en versos/ fragmentada su vida
por las tardes”, “Poeta es quien frecuenta los bordes del abismo/ llama a la
noche por su secreto nombre/ y la posee, en un lecho interminable de grafías”;
ella es poeta, no hay duda. En Dando ansí por ty soy toda herranza
escribe con ese lenguaje pulcro pero desusado, de siglos atrás: “… abrevado el
corazón en noche oblicua/ y fatigada el alma en ramblas por ascender/
descendidos peldaños de un destino a la deriva”. Y de Extrasístole
extraigo: “Anochece en la ciudad infinita/ Hora de preguntarle al corazón sin
imponerle criterios/ si va a seguir latiendo como una liebre alzada/ con ese
odioso golpe insurrecto”.
Uno
de los rasgos más logrados de su escritura es su capacidad para articular una
imaginación simbólica rica sin devenir en el hermetismo. Sus imágenes, que
combinan elementos cotidianos con elaboraciones de mayor densidad lírica,
mantienen una relación directa con la experiencia sensorial del lector. Esta
cualidad favorece una lectura que, aun en su complejidad, no se vuelve
excluyente.
En
el núcleo de esta poética persiste, sin embargo, una tensión constante entre
afirmación y pérdida. La exaltación del deseo, del cuerpo y del vuelo convive
con la amenaza de la disolución, del vacío, de la pérdida de identidad. Esta
dualidad otorga a su escritura una vibración particular, donde la intensidad
nunca es ingenua, y la melancolía nunca es meramente contemplativa.
En este punto, resulta pertinente incorporar una dimensión que suele quedar implícita en los análisis, pero que en este caso adquiere especial relevancia: la experiencia del lector. La poesía de Marita Troiano no se agota en su construcción formal ni en su universo simbólico; se prolonga en quien la lee. Cada poema parece abrir un espacio de resonancia donde emergen imágenes propias, a veces inesperadas o incluso insólitas, que no pertenecen estrictamente al texto, pero que este convoca con notable eficacia.
Este
fenómeno no responde a una arbitrariedad interpretativa, sino a una cualidad
constitutiva de su escritura. Su lenguaje, intensamente corporal y a la vez
simbólico, actúa como un dispositivo de activación imaginativa, capaz de
movilizar memorias, sensaciones y asociaciones en el lector. En este sentido,
su poesía no solo expresa una subjetividad, sino que configura un espacio
compartido donde otras subjetividades pueden reconocerse, desplazarse o
transformarse. Esta constatación me hace decirle a la poeta: sí, en efecto, te
imagino caballo indómito, desenfrenado, desbocado, cual Pegazo alado que mira el
mundo desde arriba, tal vez triunfante, tal vez vencido, siempre en carrera loca
que es una manera apoteósica de vivir.
Marita
ha confirmado con creces las palabras visionarias expresadas por Marco Martos, al comentar
brevemente Mortal in puribus (1016). Digo esto, porque, a mi juicio, la poeta conserva el desenfado
y el atrevimiento de quien tiene una relación firme, aunque tensional, con la
poética. Es que la obra de Marita Troiano puede leerse como una poética de la
intensidad: un territorio donde el lenguaje, el cuerpo y la emoción confluyen
en una experiencia total. Su escritura no se limita a representar la vida; la
expone en su fragilidad y en su potencia, y la ofrece como un campo abierto en
el que el lector, inevitablemente, también queda implicado.
Referencias
Ángeles del papel: 5 poemas de Marita Troiano. Lima 9 de marzo de 2021. https://angelesdelpapel.blogspot.com/2021/03/5-poemas-de-marita-troiano.html
Hecate poesía: 4 poemas de Marita Troiano, con traducción al ruso de Stelios Karayanis. Ver enlace: https://hecatepoesia.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/08/marita-troiano.4-poemas.14.08.21.pdf
Marco
Martos: Comentario de contraportada en Mortal in puribus de Marita
Troiano. Lluvia Editores, Lima 2016.



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