Rodolfo Sánchez Garrafa
Desde el poema
inicial, “Luna Azul”, advertimos la precisión con que la autora construye
imágenes capaces de trascender el tiempo. Los versos que anuncian la llegada de
la luna azul “este viernes a las seis de la tarde” sitúan el acontecimiento en
un momento aparentemente concreto, pero lo suficientemente abierto como para
adquirir una dimensión universal. ¿Cuántos viernes y cuántas seis de la tarde
podrían convocar la aparición de una luna azul? La poeta despeja esta
incertidumbre al revelarnos que se trata de un viernes de primavera, momento
propicio para el despliegue de la belleza. La luna, envuelta en un manto
festivo, se refleja en la laguna, refresca la mirada de quien contempla y hace
posible la aparición de duendes y querubines que, extasiados, celebran el baño
lunar.
Me resulta inevitable asociar esta delicada construcción poética con cierta afinidad hacia la sensibilidad del haiku japonés. Aunque “Luna Azul” no responde formalmente a dicha estructura, comparte con ella una virtud esencial: la capacidad de condensar en una imagen sencilla la inmensidad del mundo. Con muy pocos elementos, Julia del Prado logra abrir un horizonte vastísimo donde el instante cotidiano se transforma en experiencia reveladora. La belleza aparece entonces como una forma de conocimiento, como una puerta de acceso al misterio.
Desde una
perspectiva andina, esta concepción resulta especialmente significativa. El
mundo aparece como una totalidad animada en la que cada entidad posee
interioridad, memoria y capacidad de comunicación. La pérdida de esta
sensibilidad constituye, quizás, una de las grandes enfermedades de la sociedad
contemporánea. Hemos aprendido a pasar indiferentes junto a seres que nos
interpelan constantemente. Julia del Prado, por el contrario, nos invita a recuperar
la capacidad de escucha y reconocimiento frente a una realidad que siente,
sangra, llora y acumula sabiduría con el paso de los años.
Sin embargo, pese a
la incomunicación moderna, existe un halo de eternidad que preserva la
integridad del cosmos. La poeta accede a ese ámbito mediante una mirada
despojada, capaz de descubrir en lo cotidiano las huellas de lo trascendente.
Su poesía podría definirse, en este sentido, como una filosofía de la
concreción. Lo profundo no se alcanza por abstracción sino por inmersión en los
detalles de la experiencia.
Un ejemplo notable
aparece en el poema “Ahora es una de esas ocasiones”, cuando escribe: “En
ocasiones se me adormece la vida / a dos cantos / a dos aguas / a dos pies”. La
imagen sugiere una estructura dual de la existencia, una condición relacional
que remite tanto a la experiencia humana como a antiguas concepciones andinas
del mundo. La vida acontece siempre entre polos complementarios: oriente y
occidente, arriba y abajo, izquierda y derecha, sueño y vigilia, memoria y
porvenir.
Entre los valores
que esta poesía exalta destacan la paz, el amor, la sociabilidad y, sobre todo,
la esperanza. Se trata de una esperanza orientada hacia la continuidad de la
vida, hacia las nuevas generaciones que reciben el mundo al calor de canciones
de cuna y relatos maravillosos. Lo que hoy parece fantasía puede convertirse
mañana en realidad. De ahí la importancia de preservar la capacidad de
imaginar.
La noción de
ciclicidad constituye otro eje fundamental del libro. Si para Newton la manzana
simboliza el descubrimiento de la gravedad, para Julia del Prado ese papel
podría corresponder al girasol, cuya trayectoria evoca el movimiento circular
del tiempo. La historia aparece entonces como una sucesión de retornos, de
encuentros entre elementos aparentemente opuestos que encuentran sentido en una
totalidad superior. Lo frío y lo tibio, la tristeza y la alegría, la
incertidumbre y la esperanza se integran en una dinámica que asegura la
continuidad de la existencia.
En este universo
simbólico adquiere especial importancia la figura femenina. La mujer aparece
como garante de la vida, transmisora de la memoria y depositaria del tiempo que
va y viene. No es un personaje secundario ni una simple mediadora, sino una
presencia visionaria capaz de enlazar generaciones y mantener vivo el hilo de
la continuidad cultural. En diversos poemas, esta figura femenina adopta rasgos
míticos, próximos a la serpiente primordial o a las antiguas madres fundadoras.
De manera paralela,
la memoria familiar emerge como un poderoso centro gravitacional. Madre, padre,
abuelos, hogar y ancestros reaparecen constantemente en un recorrido que
conduce a la poeta hacia las raíces de su propia existencia. Aunque formada en
un entorno urbano, Julia del Prado escucha el llamado profundo de la tierra y
reconoce en él la voz de quienes la precedieron. El regreso a la memoria se
convierte así en una forma de reencuentro con uno mismo.
Todo ello se expresa
mediante un lenguaje de extraordinaria economía verbal. La complejidad de la
experiencia humana no se traduce en construcciones retóricas recargadas, sino
en imágenes depuradas, de gran transparencia expresiva. Nuevamente aparece aquí
la cercanía espiritual con ciertas formas de la poesía japonesa. Resulta
especialmente revelador el poema que concluye: “yo que solamente he nacido / yo
que tan solo he nacido / vuelvo a ser puma”. En estos versos el nacimiento se
identifica con una renovación esencial. Volver a ser puma significa recuperar
la fuerza originaria, la dignidad heroica y la potencia espiritual que habitan
en el fondo de toda existencia.
No sorprende, por
ello, la observación formulada por Cecilia Ortiz desde Buenos Aires, cuando
señala que Hasta un día es una propuesta en la que el yo poético recorre
los senderos de la memoria mientras el amor y el día se dispersan por las
páginas como fragmentos de la propia autora. En efecto, Julia del Prado conduce
al lector por un camino abierto, donde cada quien está llamado a encontrar su
propia interpretación.
Julia del Prado Morales
Nació en Lima, Perú.
Escritora y promotora cultural. Estudió en la Escuela Nacional de
Bibliotecarios y luego en la Escuela de Bibliotecología y Ciencias de la
Información de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Posteriormente
siguió estudios sobre Bibliotecas Escolares y Literatura infantil como segunda especialidad
en la Escuela Interamericana de Bibliotecología, Universidad Nacional de
Antioquia Medellín – Colombia, como becaria de la OEA. Cuenta con varios libros
publicados. Figura en antologías físicas y virtuales universales. Pertenece a
instituciones culturales peruanas y extranjeras, con reconocimientos y
homenajes. Es fundadora y actual administradora del Colectivo Literario
Manantial desde el año 2019.
Chorrillos (Matellini), junio de 2026.



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